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KINTSUGI: LA BELLEZA DE LAS CICATRICES DE LA VIDA

¿Practicas el arte del Kintsugi? Si la vida te ha dado adversidades y también has cometido errores hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices. Esta práctica japonesa habla de reparar las fracturas de cerámica con barniz o resina de oro espolvoreada y se ha convertido en una filosofía de vida. A veces los defectos son las más grandes virtudes. La vida nos llena de fisuras y nos agrieta el alma, por lo que nuestras cicatrices se convierten en una ocasión para enfrentarnos al mundo. Las roturas y las reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben ser mostradas en lugar de ocultarse. Al poner de manifiesto esta transformación, las cicatrices lo embellecen haciéndolo mucho más atractivo.

Dicen que “la herida es el lugar por donde entra la luz”. Pues me parece que tengo el cuerpo con muchos agujeros. Esta filosofía japonesa se aleja mucho de nuestra visión sobre la misma situación. En vez de que un objeto roto deje de ser útil y lo desechemos, pasa a ser un gesto gráfico que nos deja ver su transformación. La herida pasa de ser un trazo de oscuridad a ser una ventana de luz. Somos vulnerables física y psíquicamente, al menos yo seguro que sí, por lo que cuando las adversidades nos superan nos sentimos rotos. A veces la vida nos lleva a estas adversidades y otras veces somos nosotros mismos los que nos metemos en ellas.

En mi caso tengo un montón de cicatrices en mi cuerpo, físicas y psíquicas, unas veces la vida me ha sorprendido y otras he sido yo el tonto que se ha metido en el lío.

He comprobado que sólo me he podido recuperar con una cosa: Amor Propio. La gente que dispone de él tiene en su poder un recurso fantástico, son personas de las que se dice que tienen carácter, gente especial, diferente.

Tener un ideal de perfección suele impedir que la herida cicatrice porque se juegan el orgullo y la vergüenza, y esto no ayuda en nada. La realidad es que todos nosotros vivimos de roturas e imperfecciones. A veces creemos que si mostramos nuestra vulnerabilidad, si sacamos nuestros sentimientos no tan positivos, nuestras cicatrices,  la gente no va a querernos, cuando lo cierto es que el efecto que esto provoca es el contrario. Si yo me abro automáticamente el otro también me muestra sus heridas. Aprendamos a escuchar antes de actuar. El dolor incomoda pero es necesario en estos procesos, hay que aceptarlo sin peros y de forma plena. Si duele estamos en nuestro derecho de que duela y nadie nos puede decir nada al respecto, sólo nosotros podemos aceptarlo y dejarnos ir. Por tanto seamos conscientes de que nuestras cicatrices nos embellecen. Cuando la gente nos mira ve en nosotros cuerpo y alma. Hay que saber llevar nuestras cicatrices, las prisas nunca son buenas; para que una cicatriz brille y tenga su belleza necesitamos tiempo y mucha paciencia. Su curación puede durar, semanas, meses o años, no importa, al final la grieta se cerrará para pasar a ser una cicatriz bella. Saber valorar lo que se rompe en nuestro interior nos aporta una serenidad objetiva. Amémonos como somos, rotos pero nuevos, con heridas que nos hacen únicos, exclusivos e irremplazables y siempre en permanente cambio. Practiquemos el Kintsugi y mostremos a los demás la belleza de nuestras cicatrices.

Categorías:Relatos

Francesc